límites sanos

Basta de agradar a todo el mundo: aprende a poner límites

Muchas veces sentimos la presión de ser amables y simpatizar con todos, incluso con aquellos que nos caen mal o nos han hecho daño. Pero, ¿qué pasa si no actuamos así? ¿Está mal no llevarnos bien con ciertas personas? ¿dónde está el límite?

La realidad es que no tenemos la obligación de caerle bien y ser amables con todo el mundo. Forzarnos a tener una actitud positiva con personas que nos molestan o lastiman puede generar estrés, frustración y resentimiento. A la larga, esto perjudica nuestro bienestar emocional.

El respeto comienza por uno mismo.

Sin embargo, muchas veces tememos establecer límites o mostrar nuestro descontento por miedo al rechazo o a parecer groseros. Pero el respeto comienza por uno mismo. Tenemos derecho a decidir cómo queremos que nos traten y con quién deseamos relacionarnos.

Cultivar la aceptación y la compasión no significa permitir que abusen de nosotros. Podemos honrar nuestros valores y defender nuestro derecho a la libertad de expresión sin necesidad de ser antipáticos. Comencemos por respetarnos lo suficiente para establecer relaciones positivas que nos hagan sentir valorados.

A continuación, exploraremos con más detalle por qué no tenemos obligación de agradar a todo el mundo y cómo fijar límites saludables sin comprometer nuestros principios.

El derecho a expresarme

Todos tenemos derecho a expresarnos libremente sin temor a represalias o juicios. Mi derecho a opiniar es tan válido como el de cualquier otra persona. Debo sentirme seguro para compartir abiertamente mis ideas, creencias y perspectivas sin necesidad de filtrarlas sólo para satisfacer a los demás.

Muchas veces callamos nuestros verdaderos pensamientos y sentimientos por miedo al rechazo. Pero esto causa frustración y resentimiento a la larga. Al expresarme genuinamente estoy honrando mi individualidad y haciendo valer mi presencia.

Claro que no se trata de expresarse de forma hiriente sin consideración por los demás, ser auténtico no está reñido con ser compasivo. Puedo hablar mi verdad manteniendo un espíritu de humanidad compartida.

Como dijo Gandhi, “Habla siempre con gentileza, escucha con atención, resuelve tus dudas con calma y actúa siempre con compasión”. Se trata de un equilibrio entre firmeza y empatía. Debo primero escuchar otras perspectivas, y luego agregar la mía desde un lugar de respeto y apertura.

Así que ya no me disculparé por ocupar espacio y dar a conocer mis puntos de vista únicos. La diversidad de expresión conduce a mayor entendimiento, creatividad e innovación. Mi voz es importante, al igual que la tuya. Juntos podemos construir algo mejor.

El derecho a ser yo mismo

No tengo que encajar en el molde que otros esperan para mí. Tengo derecho a tener mi propia identidad única, incluso si eso significa no caerle bien a algunas personas. No debo sentir que necesito cambiar partes fundamentales de mí solo para ganarme la aprobación de los demás.

Como dijo Oscar Wilde (s.f.), “Sé tú mismo, los demás están ocupados”. No permitiré que las expectativas ajenas dicten quién debo ser. Si me enmascaro y oculto partes de mí para agradar, me traiciono a mi mismo. Esto causa infelicidad y frustración con el tiempo.

Ser auténtico no siempre es fácil cuando parece que el mundo quiere encasillarnos. Pero la individualidad es precisamente lo que nos hace únicos como especie. Debo honrar esa singularidad, incluso si al principio genera incomodidad en algunos.

Con bravura y convicción, puedo moverme por el mundo como mi yo más genuino. Quienes realmente me aprecien me querrán por quien soy, no por pretender ser alguien más. Y aquellos que no lo hagan, es señal de que no están alineados conmigo. No es personal, simplemente indica diferencia en valores.

Así que hoy elijo liberarme del miedo al rechazo y celebro todas las cualidades extraordinarias que me hacen ser yo. ¿Te unes a honrar tu derecho de ser tú mismo?

El derecho a establecer límites

Está bien no simpatizar con todos. No soy responsable de manejar las reacciones emocionales de otras personas. Tengo permiso para establecer límites amorosos sobre cómo permito que me traten.

A menudo, por temor a parecer groseros o egoístas, toleramos comportamientos que nos hacen daño. Pero mi primera lealtad debe ser conmigo mismo. Como dijo Louise Hay (2022), “A partir de ahora, me libero de toda expectativa. Elijo aceptar a las personas tal como son, y observo lo que sucede”.

Aceptar no significa consentir.

Puedo comprender razones subyacentes sin justificar malos tratos. Luego, calmada pero firmemente comunico mi límite: “Cuando haces X me hace sentir Y, necesito Z”. Sin atacar, sino pidiendo lo que requiero.

Honro mi derecho a la reciprocidad y el cuidado mutuo. Ofrezco afecto donde recibo afecto, y distancia donde encuentro hostilidad. No espero perfección, pero sí respeto y voluntad para resolver conflictos sanamente.

Al final, somos responsables de elegir compañía que realce nuestra luz interior. Y eso comienza por tener la valentía de apartarse educadamente de quienes constantemente la opacan. Mi paz mental lo vale. ¿Te animas a poner límites también?

Invitación

¿Buscas inspirarte para hacerte cargo de tu sombra y honrar tu voz interior? Te invito a ver dos extraordinarias películas que abordan estos temas con sensibilidad.

La primera es “Un monstruo viene a verme” de 2016, basada en la novela homónima. Cuenta la conmovedora historia de un niño que lidia con un monstruo que parece materializarse producto de su imaginación. Esta historia fantástica nos recuerda poner atención a nuestras partes más oscuras con compasión, pues albergan dolor no resuelto.

La segunda película es “Ellas hablan” de 2022, donde un grupo de mujeres en una comunidad menonita aislada, luego de destapar graves incidentes, son forzadas a tomar una decisión trascendental para sus vidas.

Referencias

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